Rossine…

Se nota que has sufrido, niña

Tengo tu imagen en la pantalla del ordenador

Te miro al encenderlo todos los días

Y veo esa profundidad

De persona mayor que sabe lo dura que es la vida.

Se nota que has sufrido, Rossine…

Rossine… la niña de nombre impronunciable,

No por difícil, tal vez

Sino por mi pobre francés, ya sabes, Rossine…

Nos pasamos todo el viaje

Intentando que lo aprendiera

“Rossine” “Rossine” Rossine”,

me repetías tú incansable,

y yo repetía intentando imitarte “Gossine”

y así un día tras otro

mientras te veía y miraba tus ojos,

tu rostro y tu expresión

de persona mayor.

Contigo, Rossine, y con muchas de las niñas y los niños que estaban

Vi tantas cosas, aprendí tanto

Que aún hoy después de casi un año

Me emociono y siento

Un pedazo de mi corazón

Que falta

Que dejé allí con vosotr@s

En tierras de África

Donde el amor y el dolor abundan

El coraje y la lucha

El sufrimiento y la desinformación

El hacinamiento y la alegría

El hambre y los niños y las niñas

De África

 

Y a la vez traje un corazón más grande,

Repleto de experiencias de amor

Gracias a ti, Rossine

Y a los demás niños y niñas

De Mensajeros de la Paz

De la Casa de Grand Popo

De la tierra africana

Con tu baile y tus enfados (te recuerdo con carácter fuerte, Rossine)

Sabías pelear por lo que querías

No eras de las más cariñosas

A veces contigo me costaba

Pero  ahí estabas

Siempre dispuesta a repetirme tu nombre “Rossine”

Con tu pelo pegado a la cabeza,

Tu mirada triste y penetrante

Tu fuerza

Y tus ropas un tanto destartaladas

Tenías tu encanto, Rossine –y tienes, digo yo, me encantaría comprobarlo por un agujerito-

Y me siento loca al decir que te quiero

Así lo siento, Rossine,

Que una parte de mi corazón es para ti

No sé si vale de mucho

Ni siquiera si te llega

Aunque seguro que si somos energía así será

Y tendrás un rayito más de luz

Que en este momento te acompañe el alma

Y te haga un poquito más feliz

Aunque tú sabrás  ser feliz

Sabrás cómo, sabrás hacerlo mucho mejor

Que muchas personas…

Aún así,

Un poquito más de amor

Siempre viene bien, “Rossine”

 

Te quiero niña

Te quiero con tu mirada

Con tu fuerza

Con tu carácter

Y aunque conscientemente no fueras de mis preferidas

Algo quedó ahí, en mi corazón, Rossine,

Que me dice que siempre vas a tener tu espacio

Que te cogería y te abrazaría tanto tanto tanto

Que te sintieras querida y protegida cuanto necesitaras… o desearas

Porque necesidad ni siquiera será

Y porque no quiero dártelo desde la necesidad

 

Te quiero niña

 

Una española que un día te conoció

Y a la que es posible no vuelvas a ver … o sí?

Si la vida lo quiere así será

Tú tienes tu vida allí

Yo la mía aquí

Y el destino decide

Si nuestros caminos se vuelven a encontrar

Y si así es, “Rossine”

A mí me encantaría abrazarte

Y verte danzar de nuevo

Con esa forma tuya

Tan pura y con tanta fuerza

Tan tú, Rossine… dulce Rossine

La expresión de las emociones en el camino de la felicidad y el amor

LOS SENTIMIENTOS Y LAS EMOCIONES SON EL LENGUAJE UNIVERSAL QUE DEBE SER HONRADO. SON LA EXPRESIÓN AUTÉNTICA DE QUIÉNES SOMOS. Judith Wright

Expresar las emociones es en sí mismo terapéutico; a veces no hay una técnica que ayude a modificar lo que sentimos, en muchas ocasiones el hecho de expresar lo que hay en nuestro interior, es en sí mismo sano y liberador. Parece fácil, tal vez. En mi experiencia personal y profesional, descubro que no lo es tanto, en gran parte por los condicionamientos sociales y culturales que nos impiden mostrar lo que habita en nuestro interior: por miedo, por vergüenza, por pensar que es inadecuado lo que sentimos, por miedo a ser juzgados o poco valorados si lo expresamos… el miedo suele estar en lo profundo de lo que expresamos sentir y de lo que callamos en la mayoría de las ocasiones.

Los sentimientos nunca son inadecuados, a pesar de que en el pasado nos hicieran pensar que lo eran y como consecuencia aprendimos a evitar expresarlos y por tanto a esconderlos en nuestro interior.

Empezamos a sentir desde niños, ya cuando éramos bebes llorábamos o reíamos para expresarnos y poco a poco fuimos sintiendo emociones más diversas (rabia, miedo, culpa, alegría, tristeza, amor…). Podemos preguntarnos: Si las emociones son algo tan genuino … ¿por qué se reprimen? Muchas veces en el fondo están los condicionamientos sociales limitadores que actúan con frases del tipo “no llores que van a pensar que eres un llorón” o “una señorita no se comporta así” cuando una niña mostraba su enojo, “los hombres no tienen miedo” en el caso de los niños etc. Cuando durante nuestra infancia no contamos con el entorno favorecedor de un sano desarrollo emocional, aprendimos a reprimir lo que sentimos y lo guardamos en nuestro interior, a la espera del momento (a veces años) en que esa emoción encuentre el espacio en el que poder ser liberada y liberarnos del peso que supone llevarla dentro .

Recuerdo una paciente que había vivido durante su infancia y juventud en una familia donde todo “tenía que estar en orden” y quien alteraba ese orden era excluido, así que ella, por supervivencia, aprendió a reprimir sus emociones durante años viviendo en ese entorno hostil. Después de un trabajo catártico donde había conectado con emociones muy antiguas de su temprana infancia, de rabia y miedo, y las pudo expresar, me decía:

“El trabajo emocional es cuando la cabeza para y todo lo demás se mueve.  A veces la cabeza no “se para” pero siento que va la cabeza por un lado intentando controlar, entender… y por otro el sentimiento y el cuerpo, “lo que hay” en realidad, lo que no sé cómo explicar. Después me he sentido liberada y con una sensación de  ver con más claridad (sensación física), como si se retirase una gasa de delante de los ojos que empañaba lo que se ve. Esta sensación es impresionante para mí, siempre que me pasa me maravillo”.

 

LOS NIVELES DE FUNCIONAMIENTO PSICOLÓGICO

Así como el ser físico está formado por varias capas de menos a más profundas (la piel, bajo la piel los huesos y músculos, y más internamente los órganos y las vísceras), psicológicamente cohabitan en nuestro interior tres “capas” o segmentos interconectados entre sí que igualmente actúan a diferentes niveles de profundidad (del más superficial al más profundo); son las conductas, los pensamientos y las emociones.

Lo que hacemos (nivel conductual) es sólo la punta del iceberg. Por debajo y en relación, está lo que pensamos, y a un nivel más profundo lo que sentimos. El ejemplo de la conducta de ingesta de alcohol habitual (llamado alcoholismo) puede servirnos para clarificar lo que quiero decir. Una persona que bebe alcohol de manera continuada, puede pensar cosas como “yo no voy a ser capaz de enfrentarme a esto”, “no valgo”, “sólo soy un niño miedoso”, etc. Debajo de estos pensamientos que mantienen la conducta de beber, hay unas emociones que es probable que tengan que ver con miedo, rabia y tristeza, y al expresar esas emociones y cambiarlas por otras emociones más en consonancia con el deseo de vivir, es cuando la persona podrá abandonar esa conducta y sustituirla por otras más positivas y adecuadas para su bienestar. Mientras una persona que bebe siga sintiéndose inmerecedora de la felicidad, seguirá consumiendo alcohol o drogas, aunque cambie a nivel cognitivo, el problema no está solucionado en su raíz.

A veces decimos “Siento…” cuando en realidad lo que expresamos es un pensamiento, así nos quedamos en un nivel intermedio de profundidad y eso no nos alivia, porque en realidad no estamos expresando la emoción sino que queda reprimida dentro de nosotros. Por ejemplo, podemos sentirnos furiosos con alguien y verbalizar con calma o incluso con risas lo que nos ha ocurrido, contandoselo a un compañero de trabajo; sin embargo, en el relato lo que hacemos muchas veces es quitar la fuerza de la emoción al expresarlo en palabras, no sacamos nuestra rabia, nos la explicamos al explicársela al compañero, y nos queda después una sensación de haber anestesiado ese sentimiento, lo que a la larga puede derivar en una especie de anestesia emocional o desconexión de lo que nos sucede internamente (no lo que pensamos sino lo que sentimos), derivando como consecuencia en enfermedades o diversos síntomas físicos (dolores corporales, irritaciones en la piel, malestar general etc). En este sentido, la Psicoterapia nos ayuda a observar lo que sentimos, cómo lo notamos en nuestro cuerpo y desde ahí poder expresarlo.

 

DE LA REPRESIÓN A LA EXPRESIÓN. EXPERIENCIAS Y RELATOS

Mi primera experiencia de trabajo de duelo en grupo, fue en un taller en el que participé para trabajar la relación con mi padre, y con él mi relación con los hombres. Recuerdo lo reparador que para mí fue vivir la experiencia de estar trabajando mis conflictos con hombres reales ante los que podía expresar mi rabia, el miedo, la tristeza y el dolor que había reprimido durante años, en esa ocasión pude expresarme en un entorno seguro, sin que pasara nada malo. Recuerdo la posterior sensación de poder, de bienestar y de calma.

Cuando decimos “me siento triste” estamos expresando una emoción. Así de sencillo y así de difícil ya que en no pocas ocasiones enmascaramos la tristeza con sensación de fatiga, estrés, cansancio extremos. La emoción surge cuando le dejamos un espacio y ahí permitimos que emerja. La emoción está reñida con el control, mientras estamos en el control no permitimos que las emociones afloren y por tanto estamos interfiriendo nuestro crecimiento y sanación y liberación emocional. Es por eso que a veces es necesario traspasar un vacío en el cual emergen esas emociones y las podemos liberar, entonces nos sentimos más fuertes y preparados para estar en la vida.

Una vez una paciente me dijo “Les quité a mis padres el derecho a la vida porque cuando vine al mundo se acabó su felicidad”. Lo decía con un tono que me sonaba a culpa y cuando pudo trabajar la culpa apareció la rabia hacia sus padres por haberla cargado con ese peso, detrás de la rabia apareció el dolor desgarrador de vivirse como una carga para sus padres, y detrás de todo eso estaba el amor que sentía hacia ellos y la comprensión y la empatía desde el corazón. Fue necesario todo un proceso de “limpieza” para ir limpiando capas y sentir lo que aparecía en los diferentes niveles. Cuando lo pudo limpiar me decía:

“El trabajo emocional me ayuda a incorporar poder en mi vida. Mis sensaciones más bonitas están asociadas a los trabajos emocionales. Romper a llorar y sentir que algo que estaba dentro sale. También susto de no saber lo que ocurre, el abrazo cálido, el permiso para sólo estar sin hacer nada, el AMOR en su mayor expresión, la sensación de bebé, de placer. Hay cosas que no se explican con palabras, pero uno sabe que son buenas, y el trabajo emocional es así. Es algo BUENO”.

A veces me dicen los pacientes que les da vergüenza hacer trabajos emocionales. Nos podemos respetar esa sensación de vergüenza y hacerlo poco a poco, sin forzarnos; un trabajo emocional puede ir desde pedir un abrazo cuando necesitamos, hasta gritar con todas las fuerzas echando lejos algo que no queremos en nuestra vida. La realidad es que funciona, aunque muchas veces lo cuestionemos, por miedo o vergüenza.

La clave de la expresión de emociones es el aprendizaje de estar en contacto con lo que sucede en el interior y desde ahí poder ver lo que necesitamos y expresarlo o pedirlo, ahí entramos en relación auténtica y genuina con los otros y estamos en el camino del AMOR, donde necesitar y “apetecer” del otro es un indicador de la maravilla del cambio del ser-uno-solo al ser- en- relación.

Eva Medina Rodríguez

Dolor & Aceptación

dolor y aceptación

Dolor
Insensibilidad. Malestar.
Lo que viene
Lo que se va
Aceptar
Aceptación. Aceptación. Aceptación.

Aprendo a manejar mi dolor.
Sé que puedo hacerlo.
Me comunico con él; le hablo y me escucha.
Me habla: me dice que está aquí para que aprenda a convivir con él, que lo acepte, que es necesario prepararme así.

Decido tomarlo como una oportunidad de cara al parto, como una «preparación al parto».
Observo algo muy interesante: cuando entro en sintonía con él, lo mezco, lo balanceo a la vez que me balanceo en la pelota de pilates, se calma, hasta me gusta entrar en esa sintonía, esa especie de intimidad, ese «dolor calmado», sereno… Me siento orgullosa de experimentar eso, porque lo estoy transitando, estoy evitando huir como otras veces…y eso me gusta. Me siento bien.

Si me pongo en la prisa empeora el dolor. Está más calmado cuando me decido a darle espacio y tiempo.

Evito la prisa.
Me dejo sentir, dolor y bienestar.
Descanso.
Me siento en paz.
Todo está bien, con dolor y sin él. El dolor desaparece suavemente.
Descanso y libero mi cuerpo y mi mente de dolor, con calma, sin prisa, con serenidad.

Voy a la cama y descanso y duermo libre de dolor y libre de malestar.

La importancia del vínculo en la relación psicoterapéutica con niñ@s, adolescentes y adult@s

vinculo con niños y adolescentes
  1. Todas las personas necesitamos sentirnos vinculados con otros, es por ello que el vínculo terapeuta-paciente cobra una especial importancia en la Psicoterapia tanto de niños, como de adultos y adolescentes.

El vínculo terapeuta-paciente es uno –si no el que más- de los aspectos más importantes en el logro de los objetivos terapéuticos. Esta idea es avalada por los principales enfoques de la Psicología, especialmente desde la Psicoterapia Humanista.

PRIMEROS VÍNCULOS

El primer vínculo que todas las personas establecemos en la vida es con la madre, durante la gestación, donde comienza la vida, donde nos desarrollamos y desde donde venimos al mundo. Por eso, es importante que este primer vínculo se desarrolle en unas condiciones óptimas y de una manera saludable.

La regulación emocional es un proceso que se aprende en los vínculos interpersonales; comienza con la Regulación Biológica Interactiva (la madre como Córtex Auxiliar del niño), para llegar a la Autorregulación Biológica Autónoma: el niño es capaz por si mismo de identificar, nombrar, calmar y manejar los afectos propios. La madre emocionalmente inteligente es aquella que es capaz de estar presente y a disposición de las necesidades y ritmo del niño, es capaz pues de de-centrarse de sí misma hasta el punto de disponer su conocimiento, consciencia e intuición en función de las necesidades del mundo interno del niño.

Los niños que llegan a nuestra consulta de terapia, habitualmente vienen con síntomas que son reflejo de una alteración en los primeros vínculos (habitualmente con la madre). Por ello, la base de la terapia es el establecimiento de un buen vínculo que ayude a la persona a reparar los daños producidos en el vínculo con sus figuras de referencia. Debemos ser sensibles a las necesidades de las personas que atendemos en terapia y tener en cuenta su historia familiar, para poder darles lo que necesitan, de lo que carecieron y evitar darles de lo que tuvieron en exceso (si hubo abandono, dar protección; si hubo invasión, respetar el espacio; si hubo abandono e invasión, tener especial cuidado y ser especialmente sensibles para dar protección cuando hubo abandono y dar espacio cuando hubo invasión, esto lo haremos dependiendo del conflicto que estemos trabajando).

En el caso de niños y adolescentes, éste es un tema especialmente importante, ya que el establecimiento del vínculo es algo más reciente y aún están creándose los sistemas de defensas, lo que hace más flexible y menos rígido su comportamiento, y más accesible el cambio hacia formas más saludables de estar en el mundo.

En este sentido, la propia terapia personal del terapeuta se hace imprescindible, ya que cada uno tenemos nuestro propio apego e historia familiar y eso puede convertirse en fortaleza o debilidad dependiendo de cómo lo manejemos.

ESTUDIOS SOBRE EL VÍNCULO EN PSICOTERAPIA

Para la elaboración del presente artículo, he tenido en cuenta los estudios realizados sobre el vínculo terapéutico desde diferentes corrientes de la psicología. Todas ellas coinciden en que, independientemente de las técnicas o herramientas empleadas, el vínculo es un de los aspectos más importantes para que el proceso funcione y sea reparador para la persona.

Desde la Psicoterapia Humanista Integrativa entendemos que el establecimiento del vínculo implica un proceso que se va construyendo poco a poco. Otras actividades de crecimiento personal tienen menos en cuenta este proceso, buscando cambios más rápidos. En mi opinión, si bien es cierto que en ocasiones se producen cambios profundos a través de actividades en las que el vínculo terapéutico no está tan consolidado, para que estos cambios puedan integrarse de una manera más amorosa se hace necesario el apoyo de una figura estable y disponible (un terapeuta) que nos acompañe en este proceso, en ocasiones doloroso.

Cuando el proceso de terapia ha favorecido la reparación del vínculo a través de lo que en Análisis Transaccional conocemos como reparentalización, podemos observar que la terapia está concluida y el paciente preparado para relacionarse con el mundo como debería haber sido si hubiera tenido lo que en su momento no tuvo. En este sentido, cuando logramos hacer un vínculo sólido y sanador con nuestros pacientes, los terapeutas nos convertimos en vehículos reparadores de carencias” para nuestros pacientes.

He realizado una búsqueda sobre el tema del vínculo en la Psicoterapia, consistente en la lectura de algunos artículos sobre este área, a través de la que deseo destacar los siguientes aspectos:

Richard Erskine habla sobre la “presencia terapéutica como un elemento fundamental en el establecimiento de un buen vínculo, entendiendo como presencia terapéutica, la capacidad del terapeuta de estar centrado en su propio interior, a la vez que presente e involucrado con el paciente y sensible a los sentimientos y sensaciones que nos está mostrando a través de su comunicación no verbal. En este sentido, Richard Erskine defiende lo que denomina una terapia de contacto-en-relación.

Carl Rogers decía en su libro “el proceso de convertirse en persona”: Si puedo crear un cierto tipo de relación, la otra persona descubrirá en sí mismo su capacidad de utilizarla para su propia maduración y, de esa manera, se producirán el cambio y el desarrollo individual.

Hablaba Rogers también en referencia a la importancia de la aceptación, citándolo textualmente: “Cuanto mayor sea la aceptación y el agrado que experimento hacia un individuo, más útil le resultará la relación que estoy creando. Entiendo por aceptación un cálido respeto hacia él como persona de mérito propio e incondicional, es decir, como individuo valioso independientemente de su condición, conducta o sentimientos. La aceptación también significa el respeto y agrado que siento hacia él como persona distinta, el deseo de que posea sus propios sentimientos, la aceptación y respeto por todas sus actitudes, al margen del carácter positivo o negativo de estas últimas, y aún cuando ellas puedan contradecir en diversa medida otras actitudes que ha sostenido en el pasado.

Esta aceptación de cada uno de los aspectos de la otra persona le brinda calidez y seguridad en nuestra relación; esto es fundamental, puesto que la seguridad de agradar al otro y ser valorado como persona parece constituir un elemento de gran importancia en una relación de ayuda”.

También he leído otros artículos escritos desde un enfoque cognitivo-conductual, que destacan algunos aspectos como la puntualidad, la realización de tareas, las sesiones en las que el paciente se ausenta o cancela, la involucración con el tratamiento, como factores que influyen en la relación terapéutica. Según estos estudios, el psicólogo los analiza y debate con el paciente pues, de lo contrario, pueden interferir en el tratamiento.

Continuando con otros enfoques, he encontrado algún artículo que hablaba de cómo en la terapia del juego de la Psicoterapia Gestalt, el terapeuta debe reconocer los sentimientos que el niño expresa, y devolvérselos para que le ayuden a modificar su conducta. En este enfoque, el vínculo terapéutico se establece mediante sesiones constantes, que requieren un compromiso de los padres del niño. El terapeuta dispondrá de paciencia y respeto para el niño, pero también establecerá límites, que permitirán que el niño asuma su responsabilidad en la relación terapéutica, y se exprese sin herir a otros.

Por último, me parece interesante mencionar los estudios sobre la terapia de contacto de Mario Salvador, en los que establece las siguientes premisas:

-La relación es una parte necesaria en el crecimiento.

-Las personas no son personas sino están en relación con otro.

-La relación se construye en el contacto interpersonal y éste sólo es posible si uno está en contacto consigo mismo: no me puedo abrir a ti si no estoy abierto a mí mismo.

-Cada uno de los contactos (interno y externo) apoya al otro (especialmente si la otra persona es un apoyo y respetuosa).

En sus estudios sobre el trauma, Mario Salvador explica que “cuando no se tiene una relación saludable y se experimenta estrés o trauma, el niño se esconde del daño o echa el dolor fuera de su consciencia:

– Niega los sentimientos asustados.

– Rechaza los sentimientos desagradables.

– Se desensibiliza del dolor físico.

Con estos procesos se pierde el self: hay una pérdida de contacto interno.

No es tanto el trauma en si mismo lo que produce el daño; es el trauma en ausencia de una relación protectora y saludable; y el trauma acumulativo de la ausencia de una relación consistente.

La función de la terapia es invertir el patrón de las gestalt fijadas, la interrupción del contacto protector con uno mismo y la restricción de la consciencia: disolver los patrones, los esquemas y recobrar las partes rechazadas de uno mismo.

Es el contacto en una relación lo que invita, estimula y empuja al cliente hacia un incremento de la consciencia”.

En cuanto al Psicoanálisis, decir que he leído también algún artículo sobre el vínculo terapéutico, pero por la complejidad que para mi tiene este enfoque y el escaso conocimiento del mismo, he preferido no incluirlo en este trabajo, aunque si me parece importante al menos señalar que existen estudios y artículos que hablan de la importancia del vinculo entre terapeuta y paciente.

CONCLUSIONES

La mayoría de los enfoques de la Psicología hacen hincapié en la importancia del vínculo terapeuta-paciente durante el proceso psicoterapéutico. Es la Psicoterapia Humanista, en sus diferentes vertientes (Psicoterapia Humanista Integrativa, Análisis Transaccional, Gestalt, Terapia centrada en la persona de Carl Rogers, Terapia Jungiana) la que dedica una mayor importancia al tema, proponiendo un vínculo auténtico en el que el terapeuta se implica en la relación de manera auténtica, sintiendo con el paciente, reflejando sus sentimientos, acompañando en esos sentimientos y ofreciendo el espacio de cambio desde la cercanía y la autenticidad.

La Psicología de orientación cognitivo-conductual considera este tema importante, aunque dentro de unos “límites”.

BIBLIOGRAFÍA:

Artículos:

DE DIEGO GÓMEZ, ENRIQUE. MESA DE PONENCIAS: “La relación terapéutica en terapia gestalt. El proceso terapéutico”.

RIVADENEIRA, CARMELA; DAHAB, JOSÉ y MINICI, ARIEL. “La relación terapéutica en Terapia Cognitivo Conductual”.

JIMÉNEZ, JUAN PABLO. “El vínculo, las intervenciones técnicas y el cambio terapéutico en terapia psicoanalítica”.

CAPUTTO, ILEANA. “El vínculo terapéutico y los trastornos de personalidad”.

ERSKINE, RICHARD. “Implicación terapéutica. Artículos de Psicoterapia Integrativa”.

BORDIN. Estudios sobre alianza terapéutica

Libros:

BOWLBY, JOHN. El apego y la pérdida. Ed. Paidos.

BOWLBY, JOHN. Vínculos afectivos: formación, desarrollo y pérdida. Ed. Morata.

ROGERS, CARL. El proceso de convertirse en persona. Ed. Paidós

WINNICOTT, DONALD WOODS. El niño y el mundo externo. Buenos Aires: Editorial Horme-Paidós. (1957)

ZURITA, JOSÉ Y CHÍAS, MACARENA. El duelo terapéutico. Ediciones GALENE. 2009.

ZURITA, JOSÉ Y CHÍAS, MACARENA. EmocionArte con los niños. El Arte de acompañar a los niños en su emoción. Ed. Desclée de Brouwer. 2009.

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