SOY EL SUEÑO QUE HAS TENIDO ESTA NOCHE…

Hola, Eva:

Soy el sueño que has tenido esta noche, y vengo a contarte.

Soy el miedo que has vivido en tu vida.

Soy tu padre, el alcohol, las drogas, el abuso con el dinero, el maltrato.

Soy Xxxxxx  y su familia, la decepción contigo.

Soy el maltrato.

Soy tu madre y su pánico, su dolor, su huida.

Soy tu Niña herida.

Soy la vergüenza y la sensación de tener que esconderte siempre.

Soy la barbaridad, los hombres de tu vida, el desahucio, la bondad y la pena.

Soy el dinero manchado de suciedad y de culpa.

Soy la “justicia” corrupta que lleva a mentir, a huir.

Soy tu hijo, soy la fragilidad, soy el miedo que él podría vivir si no le dejan estar contigo.

Soy el miedo de l@s niñ@s, la pena, el dolor por la separación de su madre y su padre. Soy su ruptura, su vida marcada, su mundo partido en dos.

Soy la policía, que busca y condena a quien no tiene que condenar a veces.

Soy tu inocencia, tu lucha, tu huida y tu necesidad de soltar y de incluso tirar la toalla a veces.

Soy quien eres, y quizá -sólo quizá, no lo sé- quien no eres a veces.

Soy tu descubrirte, tu “desnudarte” en las redes sociales . Soy como te sientes cuando te expones tanto.

Soy tu falta de valoración, soy como te sientes en el fondo cuando tu vida es fácil y no te lo crees… y vuelves a tus orígenes a recordar el horror que viviste, la guerra hecha de miles de batallas: es como si lo que estás viviendo ahora fuera alguna batalla que quedó pendiente.

Llora, Niña, llora todo el horror que tú viviste: tus miedos. Veo esos ojos abiertos de para en par observando el sueño de esta noche como observabas la vida sin entenderla. Llora…

Muéstrate. Muéstralo al mundo. Abre las puertas de par en par para que la casa se ventile. Rómpete de dolor si hace falta como (hacías) antes. Comprende que soy tu sueñu y he venido a acompañarte a dar un paso más, a sanar.

Estás muy asustada, lo sé: tu padre violento con esos ojos desencajados por la locura y el alcohol. Ningún/a niñ@ tendría ni tiene que vivir eso, sé que da mucho miedo y el miedo que viviste aún está presente en ti.

Eres una mujer sana. Confío en ti. Vuelve a sentir y a soltar tu dolor como tantas veces hiciste y déjalo ir. Se dice fácil, lo sé.

Te traigo las ganas de volver a conectar y reabrirte al mundo.

La barbaridad y la huida son esta vez tu motor.

Los hombres que se interesan por ti y por tu madre. La pena y las ganas de ayudar.

Su huída por supervivencia, la tuya como hija acompañándole a ella y a ti también.

Comprende que este viaje tiene un sentido profundo e intégralo.

El dolor de tu madre por todo lo que vivió. Habla por ella, protégela. Ella no se puede proteger, ya no. Cuídala tú ahora a ella, ámala como es, quiérela, protégela.

Soy la barbaridad y el dolor que vivisteis tú y tu familia; hónralo, compréndelo, atraviésalo. Estamos aquí para sanar. Trasciende todo esto. Compréndelo. Este es tu viaje hacia la comprensión y la integración de lo que pasó.

Todo lo que estás viviendo está puesto para sanar. Mira lo que puedes hacer para ello. No lo dejes estar.

Sé guía y acompañante también.

Agradece y agradécete también.

Todo está aquí puesto para sanar. Compréndelo.

PARTES DEL SUEÑO:

  • La policía: Soy la justicia. Traigo a la conciencia de Eva algo sucio y malo, algo de aprovechamiento y abuso. Traigo la necesidad de justicia: de poner orden en el tema del dinero, restablecer algo que está desequilibrado.
  • Xxxxxx y su familia: represento el puente hacia una vida mejor, del que Eva se ha bajado como un guerrero que va a luchar su batalla, el infierno, el horror.
  • Soy la guerra, la batalla, el horror: como en el viaje de la heroína, que hace falta vivir esto para continuar el camino. Soy los infiernos a los que a veces hay que bajar para luego volver a subir.
  • El dinero: te traigo a la conciencia que hay algo de utilizarme de manera sucia y la necesidad de limpiar (me). Busca limpiar tu relación conmigo, hacerte cargo de ti a través de cómo me utilizas, deja de gastarme con poca conciencia, tú sabes hacerlo, sabes ponerte a trabajar la relación conmigo, limpiar, decidir qué relación quieres tener, escribirla, hacer un plan sagrado conmigo: desde la ABUNDANCIA, respetándome sin derrochar. Cuida mi energía, la energía que te traigo, respétala, respeta que SOY. Soy en ti, a través tuya. Soy. Cuídame. Haz un plan conmigo y resérvame. Sé conservadora conmigo en tu día a día.
  • Soy la Eva guerrera que vive en ti: te necesitaba en esta ocasión y se te ha pedido que estés. Lo has hecho bien, alégrate, disfruta la satisfacción de lo que está bien hecho. Has respondido, lo has hecho bien. Termina tu parte y sigue adelante tu camino, todo está bien. Honra a tu madre, haz lo que puedas hacer por ella y confía en que las cosas van a ir bien.

Confía en ti, en tu PODER, lo estás haciendo bien.

  • Tu PADRE: el maltrato, la locura, el alcohol. El infierno que viviste, te traigo el recordatorio de lo que viviste y lo que fue y la necesidad de volver ahí para hacer una parada y resolver para sanar. Te traigo a la conciencia también que ya no estás ahí.
  • Los hombres y la decepción. También los hombres y su bondad: el hombre bondadoso que va a pagar los gastos de tu madre y tuyos para que esa noche podáis dormir en un hotel.
  • El momento del policía subido en una grada denunciándote con un altavoz, se te presenta en el sueño el uso del dinero como algo sucio, inadecuado, peligroso, poco acertado, injusto.

COMPRÉNDELO, INTÉGRALO Y SUÉLTALO

Sigue tu camino en PAZ

Paloma con relleno sólido

CONFÍA

Yo voy conmigo

Dos cosas que aprendí en mi viaje a África

Hay un cuento que me gusta mucho – escrito por Raquel Díaz Reguera- que se titula Yo voy conmigo. Cuenta la importancia de ser nosotr@s mism@s en la vida, y lo que pasa cuando nos amoldamos a otr@s.

¿Alguna vez te ha pasado que viste que podías hacer realidad tu sueño, te lanzaste a ello con unas expectativas muy altas… y descubriste que la realidad era distinta a lo que imaginaste? ¿Tiendes a crearte expectativas muy elevadas cuando sueñas con algo que te gustaría para tu vida?

¿Te imaginas situaciones, relaciones, eventos… tan ideales que cuando llega el momento de vivirlas la decepción acude en tu compañía?

En julio de 2008 decidí dedicar mis vacaciones a realizar el que era uno de los grandes sueños de mi vida. Con pocos recursos, pude preparar todo y -con ayuda de mi parte tenaz- conseguí marcharme en un viaje organizado como cooperante, que en aquel momento me ilusionaba un montón.

Preparé maleta, vacunas y todo lo necesario para un viaje de estas características: íbamos a estar un mes en Benín, un país de África, de los que tres semanas estaríamos en un megacampamento con niñ@s de todas las edades, y la última semana iríamos a hacer turismo por el país.

Llena de ilusión, fuerza y ganas, partí rumbo al aeropuerto.

Mi relación de pareja de aquel momento hacía aguas -afortunadamente-. Me fui con una frase de él retumbando en mi cabeza y en mi corazón. Sus palabras fueron exactamente: «Si te vas, alomejor cuando vuelvas te encuentras las maletas en la puerta». Tal era su nivel de desconexión con él mismo, que esa era su manera de decirme el miedo que sentía con que me fuera; no pudo hablar de sus miedos, en lugar de eso, dijo aquellas palabras crueles. Eso da, sin duda, para escribir otro post acerca de cómo no expresamos lo que realmente nos está pasando dentro de nosotr@s y el daño que nos hacemos y hacemos con eso. Pero ese es otro tema. Me fui con mi maleta y la certeza de que aquella relación se había terminado, y que no sabía qué haría con mi vida cuando volviera… Supongo que eso pudo influir en que pusiera aún más expectativas en África: en ese momento de mi vida, era todo lo que tenía.

Me marché al aeropuerto, perdí el vuelo, conseguí una nueva plaza en el siguiente vuelo pagando un recargo de casi 200 euros, que se sumaban a los más de 1500 euros que me gasté en el vuelo de ida y vuelta. Llegué a Casablanca y conseguí reunirme con l@s demás compañer@s que iban a estar conmigo en aquella aventura. ¡Quién nos iba a decir en aquel momento lo que nos faltaba por vivir y compartir!

Llegamos por la noche a Cotonou, una ciudad que pintaba más bien peligrosa a aquellas horas. Después  de dormir, nos llevaron al Centro de niñ@s en el que comenzaría nuestra aventura con aquellos pequeños que iban a ser sin duda lo mejor del viaje.

De los días en Grand Popó -la casa en la playa en la que estuvimos conviviendo con l@s niñ@s y l@s educadores- recuerdo muchas cosas, y hoy quiero compartir contigo algunas de ellas:

? Tengo grabada la imagen del cielo color miel, espléndido e incomparable a ningún otro que haya contemplado hasta este momento.

? Recuerdo las sonrisas, la búsqueda de afecto de l@s niñ@s a través de un contacto desesperado, que hablaba de su necesidad y su herida de abandono. Conocí la dificultad en aquellas personas para contactar con las heridas, esa sonrisa permanente y lo que entendí que era la negación de la tristeza.

? Recuerdo y agradezco los mangos jugosos y deliciosos que comíamos a diario.

? Recuerdo el sonido penetrante de las olas con la inmensa fuerza del mar, ese mar salvaje y libre en el que no querían bañarse l@s lugareñ@s, el miedo de Antoinette, que me contó (o eso le entendí) que no lo hacían por una antigua tradición que les prohibía bañarse en el mar, recuerdo su expresión de deseo de bañarse cada vez que lo hacíamos el grupo de cooperantes, y recuerdo aquel momento mágico en el que nos cogimos tod@s de la mano y corrimos mar adentro, disfrutando de la felicidad y la satisfacción de aquel baño.

? Recuerdo el gran corro de niñ@s bailando y cantando, la sensación de ser parte de aquello tan grande y tan maravilloso, allí las pesonas están continuamente en tribu.

? Recuerdo los olores , los mercados, la gente, las ropas de múltiples colores y dibujos llamativos.

? Recuerdo las actividades de por la mañana, los madrugones a las 6 sin casi haber dormido para ir con l@s niñ@s a hacer deporte; recuerdo odiar aquel momento, sentir mi cuerpo debilitándose un poquito más cada día, los mosquitos y el olor a citronella, la sensación de frialdad que me provocaba escalofríos en la ducha, el agradecimiento a pesar del frío cada vez que me duchaba.

? Recuerdo echar de menos a mis amigas, estar incomunicada hasta que nos dejaron un teléfono compartido. Recuerdo haber llegado a pensar, y hace poco mi diario de África me recordó que también lo escribí, qué hacía yo allí, debilitándome, sintiéndome sola a pesar de la gran tribu, y echando de menos a las personas que eran verdaderamente importantes en mi vida y que me querían.

? Lo que recuerdo con más dolor de lo que viví en aquel viaje, y que traigo hoy aquí como aprendizaje con el deseo de que pueda servirle a alguien más, es la incomunicación que llegué a sentir con algunas personas adultas. Recuerdo haber sentido, – y aún puedo revivirlo- muchísima impotencia, ganas de gritar, de poder hablar y hacerme entender…incomprensión. Había sangre, suciedad y sangre en los baños comunes de l@s niñ@s, había un niño que tenía sida. Hablamos entre el grupo de cooperantes de la posibilidad de comunicar este tema en la siguiente reunión con el equipo, insistiendo en la importancia de la higiene y la necesidad de organizarnos con las tareas de limpieza para limpiar esos baños que podían ser fuente de infecciones y contagios para l@s niñ@s. Allí fue donde hoy siento que me equivoqué; yo no sabía hablar un idioma común con las personas de allí, y aún así me lancé a pedir ayuda con la traducción a mis compañer@s: expresé lo que pensaba sobre la importancia de la higiene, y me atreví a lanzar una propuesta sobre la posibilidad de hacer turnos entre tod@s, o ver cómo podíamos hacerlo, para mantener limpios aquellos baños que estaban siempre con suciedad y sangre. Nadie apoyó el mensaje. Se hizo un silencio cargado de tensión en el ambiente, y me quedé sola. ¿Conocéis esa sensación de soledad profunda, de incomprensión y de incomunicación? Eso sentí en aquel momento, y muchas veces en lo que duró el viaje. No juzgo a mis compañer@s, hoy comprendo que hicieron lo mejor para ell@s, supieron cuidarse y yo no. Me hubiera gustado desaparecer, huir de allí… No sé qué haría ahora, puede ser que me hubiera ido. Ni siquiera me lo planteé, creo que me sentía tan vulnerable en aquel momento que ni se me ocurrió que podría ser capaz de marcharme sola y llegar a un buen lugar. Me quedé.

De aquellos días, nacieron vínculos que a día de hoy están vivos, volvería a ir sin dudarlo sólo por conocer a esas personas. Aunque para mí fue horrible vivir esa experiencia, me conectó de lleno con mi herida de rechazo, de soledad… Abandono, abandono…resuena en mi mente.

Sucedieron muchas cosas más en mi viaje a Africa de julio de 2008, aunque hoy quiero contaros mis dos grandes aprendizajes de aquel mes:

1. Te animo a poner atención a las EXPECTATIVAS cuando sueñas con un proyecto ?:

Cuando ponemos expectativas en aquello que queremos «conseguir», bien sea un sueño, una relación…. idealizamos y nos olvidamos de que todo y tod@s tenemos luces y sombras; en realidad, nos estamos olvidando de nosotr@s, de que cuando llegue ese momento, persona o relación, estaremos de una u otra manera dependiendo de nuestro estado emocional y de lo que nos pase con lo que vayamos viviendo, de nuestras heridas… De ahí la importancia de Yo voy conmigo.

Es importante que incorporemos las luces y las sombras, ya que en la vida están ambas de la mano: nos hace falta la sombra para valorar y reconocer la luz,  vivimos en la dualidad. Así que nada, por maravilloso que lo imaginemos, es tan ideal como lo soñamos, tal vez porque necesitamos aprender de esas vivencias que a veces nos resultan incómodas.

2. Lo más valioso que podemos hacer por nosotr@s mism@s es ACOMPAÑARNOS ?:

Es muy posible que si yo no hubiera tenido una herida de abandono como la que tenía en aquel momento, no me habría metido en algunas situaciones. Me habría cuidado mucho más, de eso estoy segura.

Si tienes una herida emocional (en mi caso de abandono, por ejemplo), has de saber que con eso tienes una vulnerabilidad, y que vas a necesitar acompañarte. No te recomiendo que pretendas ser la persona que no eres, sino que siendo tú mism@, busques maneras lo más amorosas posible para acompañarte. En mi caso, por ejemplo, sé que si vuelvo a viajar África como colaboradora en proyectos -como siento que es en parte mi misión- lo haré en otras condiciones, cuidándome más esta vez; por lo menos, voy a poner la intención ahí: este próximo curso pienso apuntarme a inglés, por ejemplo, porque sé que eso me ayudará a estar en un lugar de menos inseguridad, o al menos lo hago con esa intención.

Y hoy, cuando visualizo mi misión y desde mi corazón vienen las imágenes de mí en África con l@s niñ@s, sé que no todo es maravilloso, que los sueños vienen acompañados de momentos difíciles, y que no voy a volver pasando por encima de mí misma; que si vuelvo, lo haré cuidándome mucho más. Porque ahora, afortunadamente, voy aprendiendo a cuidar mucho más de mi niña que se sintió abandonada, y aunque la herida siga estando ahí, voy aprendiendo a acompañarme y acompañarla cada día mejor.

Desde entonces, mi camino de vida está muy enfocado en aprender a cuidar de mí, a tenerme en cuenta, descubrir y aprender a respetar cuáles son mis necesidades. Yo voy conmigo, aunque muchas veces todavía olvido cómo hacerlo. Y desde aquí, nace de un lugar muy profundo en mi interior, el querer acompañar a otras personas en sus caminos de vida, en poder descubrirse, aprender a amarse, y desde aquí acompaño a l@s niñ@s y a las familias a comprenderse mejor, para lograr crear vínculos sanos, para que cuando sean adult@s no necesiten aprender a manejar y/o curar sus heridas de abandono.

Y tú ¿tienes alguna experiencia que te resuene con lo que comparto aquí? Te invito a compartir 🙂

¡Estaré encantada de leerte!

 

Pareja y crianza. Claves para mejorar la comunicación y fortalecer la relación de pareja

Es la 1:00 de la madrugada de un domingo. Joaquín y Elena acaban de tener una conversación de más de una hora, de aquellas conversaciones en las que se pierde la noción del tiempo, de aquellas que tenían a menudo tiempo atrás…

Hace exactamente tres años y ocho meses que nació su hijo, Elías. Y hace un mes más o menos, que Joaquín y Elena no intercambian más que las palabras necesarias para organizar su día a día, su logística familiar.

A menudo, Elena llora en momentos fugaces la angustia de tantas cosas que han cambiado en su vida, la desesperación de no poder descansar para sentirse mejor, de no saber cómo manejar algunas situaciones con su pequeño Elías – que está en plena etapa de rabietas–, y muchas con el entorno, que ningunea a las madres y se mete e invade lo que para ella es su intimidad y la de su familia: darle comida de cualquier tipo al niño sin respetar las decisiones de ell@s, preguntar y opinar sobre si el niño tiene que ir al colegio, limitarle continuamente cuando ella se esfuerza a diario en hacer su trabajo interior para evitar cargar a su hijo con miedos innecesarios. Elena está cansada.

Joaquín se levanta a las 7 de la mañana todos los días para ir a trabajar. La conversación que acaban de tener Elena y él, le supone dormir menos de lo que su cuerpo necesita para rendir en su trabajo. Sabe que es necesario comunicarse con su pareja y por eso esta noche se ha quedado despierto más tiempo, aunque se agobia pensando en la acumulación de cansancio que esto le va a suponer en la semana que comienza. Joaquín no reconoce a veces a su pareja en Elena; aquella chica dulce, tierna y comprensiva se transforma a menudo en una mujer malhumorada y quejosa.

Es difícil reencontrarse cuando muchas veces ni siquiera ell@s dos se reconocen ni se pueden sentir en su cuerpo, en su piel. No saben quiénes son. Y tienen a un pequeño ser que les reclama atención 24horas al día y que no se conforma con algo mediocre; exige con vehemencia la mejor versión disponible de su madre y su padre.

¿Cómo se puede crecer en esta situación? ¿Cómo podemos dar nuestra mejor versión cuando el día a día como madres y padres tiene un alto componente de estrés, nos sentimos poco acompañad@s, poco apoyad@s, poco validad@s por el entorno en nuestra manera de criar?

¿Cómo mantener viva la relación de pareja, cuando los espacios de compartir y disfrutar junt@s apenas existen?

¿Cómo recuperarnos cómo pareja, si ahora somos siempre tres?

Puede que te sientas identificad@ con esta situación, o te resuene algo. Si es así, sé que es angustioso pasar por ahí, sé cómo te sientes y que a veces puede parecerte un callejón sin salida.

Os dicen que tenéis que coger espacios para cuidar la relación, y ves que tu logística familiar no lo permite. Y te sientes más frustrad@, porque las posibles ideas que te aportan como soluciones, para vosotr@s no lo son.

Hay un camino que conozco para mejorar esta situación. Bueno, dos:

– Uno es pensar y saber que esta es una situación temporal, que pasará. Por largos que se nos hagan los días, llega un momento en el que l@s hij@s crecen y empiezan a ser más autónomos y a querer tener espacios independientes de nosotr@s, las madres y los padres. Cuando llegue ese momento, podremos – y seguramente necesitaremos- volver a ocuparnos de la relación de pareja.

– El otro camino es el que estoy explorando con esperanza y confiando en que sea el más acertado; es el camino del corazón: aprender – ahora más que nunca–a comunicarnos desde dentro ¿Y cómo se hace esto?

1. Podemos expresar lo que sentimos, y eso implica sacar y mostrar nuestro enfado al otro algunas veces, aunque eso no justifica que nos hagamos daño diciéndonos cualquier cosa. Es importante poner límite a las faltas de respeto, a cualquier tipo de violencia. Para eso, vamos a necesitar aprender recursos para descargar nuestra ira de maneras sanas, sin hacer daño a nadie.

2. Vamos a hablar con mensajes yo:_Os invito a comenzar la frases diciendo «Yo me siento….», «Necesito que tú…». Si aprendemos a evitar los ataques hacia nuestra pareja, tenemos un gran camino recorrido.

3. Vamos a darnos cuenta de lo que proyectamos en el/la otr@ : la gran mayoría de las veces, cuando atribuimos un comportamiento, un pensamiento o un sentimiento a otra persona, en realidad son nuestros. Empezar a apropiarnos de lo nuestro, puede ser un paso gigante para el bienestar de la relación.

4. Finalmente, cuando conseguimos expresar cómo nos sentimos con una coherencia y la profundidad de la intimidad sincera, nos estamos acercando emocional y afectivamente. Y de eso se trata, porque en esta etapa ¡nos hace mucha falta abrazarnos y sentirnos querid@s! 

De esta manera, podemos conseguir acercarnos desde el corazón, apoyarnos, sentirnos equipo y no rivales. Y así, ya nos estamos cuidando, aunque no podamos coger espacio de pareja para ir junt@s a un spa o al cine?.

Eva Medina ?

De dónde nace mi deseo de acompañarte

? Desde que era una niña sentía una cercanía especial hacia cuidar de l@s bebés y niñ@s más pequeñ@s. Siempre fue así.
 
? Al crecer, fui comprendiendo que cuidando de ell@s, estaba cuidando de mi Niña herida. La que vivió y sufrió malos tratos y también algunos abusos. Elegí la profesión que hoy y siempre he ejercido con pasión y vocación, puse mucha energía y perseverancia para lograrlo, era una de las cosas más importantes para mí, y lo logré. Durante años trabajé en mi propia consulta acompañando a personas a descubrirse en el camino del corazón. Una parte importante de mi espacio en la consulta la ocuparon las niñas y los niños y sus familias.
 
Mi otro gran sueño de niña era crear un día mi propia familia y la soñaba con mucho amor… En ello trabajo y pongo Ia energía en mi día a día para que sea así .
 
Estos dos sueños han sido mis guías durante todos estos años.
 
? Al ser madre he vivido muchas veces la sensación de «descender a los infiernos», al tocar con heridas de mi infancia que aún no había podido llorar y acoger con el corazón. La vida me está colocando en lugares que no pensé.
 
Aunque en estos momentos mi trabajo con l@s niñ@s está pausado, sé que es sólo un descanso. En mi corazón hay una infinita gratitud y un impulso muy fuerte hacia estar a su lado. Sé que volveré a estar para ell@s porque eso es parte de lo que tengo para ofrecer al mundo.
 
Estoy comprendiendo con mi maternidad, lo importante que es que una madre esté sostenida, que no somos perfectas y que las madres intentamos darles lo mejor a nuestr@s hij@s. Por eso, ahora mi mirada está más puesta en las madres, para que puedan sentir el apoyo que les hace falta para poder dar a sus hij@s el mejor sostén emocional posible.
 
Estoy buscando y aprendiendo maneras nuevas para poder ofrecer en este momento, lo que tengo para dar, para aportar mi grano de arena en esta sociedad.
 
➡️ Si eres madre o estás en el camino de la maternidad, y ves que te haría bien estar más acompañada.
 
➡️ Si sientes que estás revuelta con tu proceso de maternaje, que tienes recuerdos dolorosos presentes y no sabes qué hacer con ellos.
 
➡️ Si tu infancia fue especialmente difícil y notas que te está pasando factura en esta etapa de tu vida.
 
➡️ Si, simplemente, deseas comenzar un proceso de autoconocimiento para poder quererte más – seas o no madre-…
 
Entonces, tal vez puedo ayudarte.
 
Eva Medina
Psicóloga Psicoterapeuta humanista integrativa

Autocuidado y Crianza

Durante la primera infancia de nuestras hijas e hijos, la madre y el padre somos sus referentes, las personas más importantes de su vida, el espejo en el que se miran… Darme cuenta de esto, ha hecho que ponga más atención que nunca en aprender a cuidar de mí.
 
Es imprescindible cuidarnos para poder cuidar de ell@s.
 
Y tú, ¿cómo estás cuidando de tí hoy? ?

Renacimiento

?RENACIMIENTO

Este fin de semana vengo de un taller de renacimiento.
Me siento profundamente agradecida con todo lo que he vivido, sentido y transitado.
 
He reflexionado sobre la experiencia del parto, la llegada al mundo. Solemos decir que es el momento más importante de la vida porque es es el que nos trae a la tierra desde el útero de nuestras madres. Y es verdad…
 
Quiero quedarme también, y transmitiros aquí, que cuando el parto no es como queremos – y sé que somos muchas las mujeres que no vivimos los partos que nos hubiera gustado-, también podemos tener segundas oportunidades, y nuestr@s hij@s también.
 
En estos tres años y casi medio desde que nació mi hijo, he tenido la oportunidad de poder abrazar el parto que tuve y que me trajo a mi hijo a mi vida, por el que me siento profundamente agradecida – aunque no fuera el que yo quería en aquel momento -. Y también acabo de volver a tener la oportunidad de vivir mi nacimiento, mi llegada al mundo, en un entorno seguro y acogedor, a la luz del fuego, que me recordaba que esta vez ya no estoy en peligro. Y esto es profundamente empoderante.
 
Renacer en una casa mágica en el bosque, en plena naturaleza, con la calidez y el acompañamiento de Jessica Entizne Miguel y todo el grupo maravilloso, ha sido una experiencia que llevaré siempre en el corazón.
 
¡No me canso de agradecer!
Gracias a la Vida
Que me ha dado tanto…?
 
Eva Medina

Naturaleza y Vida

Las hojas caen de los árboles,
y muchas veces
al caer
quedan suspendidas en el aire
Y después se posan
en alguna rama
que les amortigua el golpe.
Pueden quedarse en esa rama
durante mucho tiempo
o seguir cayendo hasta otra rama
o hasta el suelo
donde estarán acompañadas
por otras hojas.
 
Reflexión sobre la Vida,
gracias a la Naturaleza
 
Eva Medina
Psicóloga psicoterapeuta humanista integrativa
 
info@evamedinapsicoterapia.com

La chica de los ojos color miel

La chica de los ojos color miel está embarazada.

Tiene náuseas.

Ella se retuerce en un grito desesperado por ordenar y entender lo que le sucede a su cuerpo.

Y lo que le sucede es incomprensible. Es vida, es caos, es miedo al puro instinto….

Confía lo que puedas, chica de los ojos color miel. La vida se ocupa de poner orden dentro del caos.

No hay manera de poner orden con la cabeza a algo tan inmenso y misterioso como la creación de la vida.

Te acompaño

Te abrazo

Te siento

Estoy contigo

Rossine…

Se nota que has sufrido, niña

Tengo tu imagen en la pantalla del ordenador

Te miro al encenderlo todos los días

Y veo esa profundidad

De persona mayor que sabe lo dura que es la vida.

Se nota que has sufrido, Rossine…

Rossine… la niña de nombre impronunciable,

No por difícil, tal vez

Sino por mi pobre francés, ya sabes, Rossine…

Nos pasamos todo el viaje

Intentando que lo aprendiera

“Rossine” “Rossine” Rossine”,

me repetías tú incansable,

y yo repetía intentando imitarte “Gossine”

y así un día tras otro

mientras te veía y miraba tus ojos,

tu rostro y tu expresión

de persona mayor.

Contigo, Rossine, y con muchas de las niñas y los niños que estaban

Vi tantas cosas, aprendí tanto

Que aún hoy después de casi un año

Me emociono y siento

Un pedazo de mi corazón

Que falta

Que dejé allí con vosotr@s

En tierras de África

Donde el amor y el dolor abundan

El coraje y la lucha

El sufrimiento y la desinformación

El hacinamiento y la alegría

El hambre y los niños y las niñas

De África

 

Y a la vez traje un corazón más grande,

Repleto de experiencias de amor

Gracias a ti, Rossine

Y a los demás niños y niñas

De Mensajeros de la Paz

De la Casa de Grand Popo

De la tierra africana

Con tu baile y tus enfados (te recuerdo con carácter fuerte, Rossine)

Sabías pelear por lo que querías

No eras de las más cariñosas

A veces contigo me costaba

Pero  ahí estabas

Siempre dispuesta a repetirme tu nombre “Rossine”

Con tu pelo pegado a la cabeza,

Tu mirada triste y penetrante

Tu fuerza

Y tus ropas un tanto destartaladas

Tenías tu encanto, Rossine –y tienes, digo yo, me encantaría comprobarlo por un agujerito-

Y me siento loca al decir que te quiero

Así lo siento, Rossine,

Que una parte de mi corazón es para ti

No sé si vale de mucho

Ni siquiera si te llega

Aunque seguro que si somos energía así será

Y tendrás un rayito más de luz

Que en este momento te acompañe el alma

Y te haga un poquito más feliz

Aunque tú sabrás  ser feliz

Sabrás cómo, sabrás hacerlo mucho mejor

Que muchas personas…

Aún así,

Un poquito más de amor

Siempre viene bien, “Rossine”

 

Te quiero niña

Te quiero con tu mirada

Con tu fuerza

Con tu carácter

Y aunque conscientemente no fueras de mis preferidas

Algo quedó ahí, en mi corazón, Rossine,

Que me dice que siempre vas a tener tu espacio

Que te cogería y te abrazaría tanto tanto tanto

Que te sintieras querida y protegida cuanto necesitaras… o desearas

Porque necesidad ni siquiera será

Y porque no quiero dártelo desde la necesidad

 

Te quiero niña

 

Una española que un día te conoció

Y a la que es posible no vuelvas a ver … o sí?

Si la vida lo quiere así será

Tú tienes tu vida allí

Yo la mía aquí

Y el destino decide

Si nuestros caminos se vuelven a encontrar

Y si así es, “Rossine”

A mí me encantaría abrazarte

Y verte danzar de nuevo

Con esa forma tuya

Tan pura y con tanta fuerza

Tan tú, Rossine… dulce Rossine

La expresión de las emociones en el camino de la felicidad y el amor

LOS SENTIMIENTOS Y LAS EMOCIONES SON EL LENGUAJE UNIVERSAL QUE DEBE SER HONRADO. SON LA EXPRESIÓN AUTÉNTICA DE QUIÉNES SOMOS. Judith Wright

Expresar las emociones es en sí mismo terapéutico; a veces no hay una técnica que ayude a modificar lo que sentimos, en muchas ocasiones el hecho de expresar lo que hay en nuestro interior, es en sí mismo sano y liberador. Parece fácil, tal vez. En mi experiencia personal y profesional, descubro que no lo es tanto, en gran parte por los condicionamientos sociales y culturales que nos impiden mostrar lo que habita en nuestro interior: por miedo, por vergüenza, por pensar que es inadecuado lo que sentimos, por miedo a ser juzgados o poco valorados si lo expresamos… el miedo suele estar en lo profundo de lo que expresamos sentir y de lo que callamos en la mayoría de las ocasiones.

Los sentimientos nunca son inadecuados, a pesar de que en el pasado nos hicieran pensar que lo eran y como consecuencia aprendimos a evitar expresarlos y por tanto a esconderlos en nuestro interior.

Empezamos a sentir desde niños, ya cuando éramos bebes llorábamos o reíamos para expresarnos y poco a poco fuimos sintiendo emociones más diversas (rabia, miedo, culpa, alegría, tristeza, amor…). Podemos preguntarnos: Si las emociones son algo tan genuino … ¿por qué se reprimen? Muchas veces en el fondo están los condicionamientos sociales limitadores que actúan con frases del tipo “no llores que van a pensar que eres un llorón” o “una señorita no se comporta así” cuando una niña mostraba su enojo, “los hombres no tienen miedo” en el caso de los niños etc. Cuando durante nuestra infancia no contamos con el entorno favorecedor de un sano desarrollo emocional, aprendimos a reprimir lo que sentimos y lo guardamos en nuestro interior, a la espera del momento (a veces años) en que esa emoción encuentre el espacio en el que poder ser liberada y liberarnos del peso que supone llevarla dentro .

Recuerdo una paciente que había vivido durante su infancia y juventud en una familia donde todo “tenía que estar en orden” y quien alteraba ese orden era excluido, así que ella, por supervivencia, aprendió a reprimir sus emociones durante años viviendo en ese entorno hostil. Después de un trabajo catártico donde había conectado con emociones muy antiguas de su temprana infancia, de rabia y miedo, y las pudo expresar, me decía:

“El trabajo emocional es cuando la cabeza para y todo lo demás se mueve.  A veces la cabeza no “se para” pero siento que va la cabeza por un lado intentando controlar, entender… y por otro el sentimiento y el cuerpo, “lo que hay” en realidad, lo que no sé cómo explicar. Después me he sentido liberada y con una sensación de  ver con más claridad (sensación física), como si se retirase una gasa de delante de los ojos que empañaba lo que se ve. Esta sensación es impresionante para mí, siempre que me pasa me maravillo”.

 

LOS NIVELES DE FUNCIONAMIENTO PSICOLÓGICO

Así como el ser físico está formado por varias capas de menos a más profundas (la piel, bajo la piel los huesos y músculos, y más internamente los órganos y las vísceras), psicológicamente cohabitan en nuestro interior tres “capas” o segmentos interconectados entre sí que igualmente actúan a diferentes niveles de profundidad (del más superficial al más profundo); son las conductas, los pensamientos y las emociones.

Lo que hacemos (nivel conductual) es sólo la punta del iceberg. Por debajo y en relación, está lo que pensamos, y a un nivel más profundo lo que sentimos. El ejemplo de la conducta de ingesta de alcohol habitual (llamado alcoholismo) puede servirnos para clarificar lo que quiero decir. Una persona que bebe alcohol de manera continuada, puede pensar cosas como “yo no voy a ser capaz de enfrentarme a esto”, “no valgo”, “sólo soy un niño miedoso”, etc. Debajo de estos pensamientos que mantienen la conducta de beber, hay unas emociones que es probable que tengan que ver con miedo, rabia y tristeza, y al expresar esas emociones y cambiarlas por otras emociones más en consonancia con el deseo de vivir, es cuando la persona podrá abandonar esa conducta y sustituirla por otras más positivas y adecuadas para su bienestar. Mientras una persona que bebe siga sintiéndose inmerecedora de la felicidad, seguirá consumiendo alcohol o drogas, aunque cambie a nivel cognitivo, el problema no está solucionado en su raíz.

A veces decimos “Siento…” cuando en realidad lo que expresamos es un pensamiento, así nos quedamos en un nivel intermedio de profundidad y eso no nos alivia, porque en realidad no estamos expresando la emoción sino que queda reprimida dentro de nosotros. Por ejemplo, podemos sentirnos furiosos con alguien y verbalizar con calma o incluso con risas lo que nos ha ocurrido, contandoselo a un compañero de trabajo; sin embargo, en el relato lo que hacemos muchas veces es quitar la fuerza de la emoción al expresarlo en palabras, no sacamos nuestra rabia, nos la explicamos al explicársela al compañero, y nos queda después una sensación de haber anestesiado ese sentimiento, lo que a la larga puede derivar en una especie de anestesia emocional o desconexión de lo que nos sucede internamente (no lo que pensamos sino lo que sentimos), derivando como consecuencia en enfermedades o diversos síntomas físicos (dolores corporales, irritaciones en la piel, malestar general etc). En este sentido, la Psicoterapia nos ayuda a observar lo que sentimos, cómo lo notamos en nuestro cuerpo y desde ahí poder expresarlo.

 

DE LA REPRESIÓN A LA EXPRESIÓN. EXPERIENCIAS Y RELATOS

Mi primera experiencia de trabajo de duelo en grupo, fue en un taller en el que participé para trabajar la relación con mi padre, y con él mi relación con los hombres. Recuerdo lo reparador que para mí fue vivir la experiencia de estar trabajando mis conflictos con hombres reales ante los que podía expresar mi rabia, el miedo, la tristeza y el dolor que había reprimido durante años, en esa ocasión pude expresarme en un entorno seguro, sin que pasara nada malo. Recuerdo la posterior sensación de poder, de bienestar y de calma.

Cuando decimos “me siento triste” estamos expresando una emoción. Así de sencillo y así de difícil ya que en no pocas ocasiones enmascaramos la tristeza con sensación de fatiga, estrés, cansancio extremos. La emoción surge cuando le dejamos un espacio y ahí permitimos que emerja. La emoción está reñida con el control, mientras estamos en el control no permitimos que las emociones afloren y por tanto estamos interfiriendo nuestro crecimiento y sanación y liberación emocional. Es por eso que a veces es necesario traspasar un vacío en el cual emergen esas emociones y las podemos liberar, entonces nos sentimos más fuertes y preparados para estar en la vida.

Una vez una paciente me dijo “Les quité a mis padres el derecho a la vida porque cuando vine al mundo se acabó su felicidad”. Lo decía con un tono que me sonaba a culpa y cuando pudo trabajar la culpa apareció la rabia hacia sus padres por haberla cargado con ese peso, detrás de la rabia apareció el dolor desgarrador de vivirse como una carga para sus padres, y detrás de todo eso estaba el amor que sentía hacia ellos y la comprensión y la empatía desde el corazón. Fue necesario todo un proceso de “limpieza” para ir limpiando capas y sentir lo que aparecía en los diferentes niveles. Cuando lo pudo limpiar me decía:

“El trabajo emocional me ayuda a incorporar poder en mi vida. Mis sensaciones más bonitas están asociadas a los trabajos emocionales. Romper a llorar y sentir que algo que estaba dentro sale. También susto de no saber lo que ocurre, el abrazo cálido, el permiso para sólo estar sin hacer nada, el AMOR en su mayor expresión, la sensación de bebé, de placer. Hay cosas que no se explican con palabras, pero uno sabe que son buenas, y el trabajo emocional es así. Es algo BUENO”.

A veces me dicen los pacientes que les da vergüenza hacer trabajos emocionales. Nos podemos respetar esa sensación de vergüenza y hacerlo poco a poco, sin forzarnos; un trabajo emocional puede ir desde pedir un abrazo cuando necesitamos, hasta gritar con todas las fuerzas echando lejos algo que no queremos en nuestra vida. La realidad es que funciona, aunque muchas veces lo cuestionemos, por miedo o vergüenza.

La clave de la expresión de emociones es el aprendizaje de estar en contacto con lo que sucede en el interior y desde ahí poder ver lo que necesitamos y expresarlo o pedirlo, ahí entramos en relación auténtica y genuina con los otros y estamos en el camino del AMOR, donde necesitar y “apetecer” del otro es un indicador de la maravilla del cambio del ser-uno-solo al ser- en- relación.

Eva Medina Rodríguez

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